Le costó afrontar lo que pasaba. Era en fin la muerte. O no. Una vida en pausa, un solitario evento.
Se dio cuenta de su destino. Sintió el frío y el acento rumano o ucraniano. Al fin y al cabo suenan todos iguales pensó. Maldito mundo.
Maldito espacio, maldito aire helado. Maldita tortura.
Pensó que aquella cárcel incógnita sería un purgatorio eterno. Un lugar sin lugar. De transito entre dos sitios. Ni bueno ni malo. Inexistente.
Un eterno morir lo esperaba.
Ya no podrían sacarle más nada. o quizás no, quizás lo peor no llegaba.
Le costo afrontar lo que pasaba.
Pensó en si mismo, pensó en él. Y maldijo a Dios y todas sus criaturas por crear el dolor y el olvido.
Diego Jiménez





